Una broca HSS que dejó de cortar no siempre está para tirar. Muchas veces solo tiene el filo redondeado
o un lado más gastado que el otro, y con veinte minutos de trabajo vuelve a morder el acero sin
chillar. Lo que sí arruina una broca para siempre es el calor: si la punta se pone al rojo, el temple
se va y por más que la afiles ya no aguanta el esfuerzo.
Antes de tocar la piedra, revisá la broca con lupa o contra la luz. Si los dos labios están parejos y
solo hay desgaste leve, alcanza con un par de pasadas suaves. Si un labio está más corto, hay que
emparejar los dos, porque una broca desbalanceada abre el agujero más grande y se calienta al toque.
Dos métodos que se comparan en este hilo
El primero es la piedra manual con guía económica: se apoya la broca en el soporte, se respeta el
ángulo de 118 grados y se gira con muñeca firme. Es lento, pero perdona errores y sirve para brocas
chicas de 3 a 8 mm. El segundo es el esmeril de banco con muela de óxido de aluminio: más rápido,
pero exige enfriar la punta cada pocos segundos en un recipiente con agua, porque la muela levanta
temperatura enseguida.
Medidas de seguridad que no se negocian
- Anteojos de protección siempre, incluso para una pasada corta.
- Guantes finos de nitrilo, no guantes de tela cerca de la muela.
- Nunca afilar con la broca caliente en la mano: esperá que baje la temperatura.
- Verificá el ángulo con una plantilla de cartón antes de probar en metal.
En las fotos del hilo se ve una broca de 6 mm antes y después: la punta recuperó el filo cruzado y
el talón quedó parejo. También hay una broca quemada que ya no sirve para acero, solo para madera
blanda, como ejemplo de lo que no hay que hacer.